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La guerra de Yemen y el apagón informativo en la prensa española

Resulta intolerable que hechos tan terribles como la venta de armas para alimentar la guerra de Yemen pasen desapercibidos para la opinión pública. Esto es un problema grave en términos de democracia y revela una vez más que es necesario repensar nuestro modelo de medios de comunicación.

La crisis del Coronavirus ha vuelto a demostrar que uno de los grandes problemas de nuestra democracia —por no decir el que más— son los medios de comunicación. Durante todos estos meses hemos escuchado un discursocargado de odio, de ruido y de intolerancia que ha pretendido utilizar el miedo a la enfermedad para polarizar y dividir a la sociedad.

Que los medios de comunicación se hayan pasado toda la cuarentena gritando histéricamente contra el gobierno, ha permitido que toda la atención mediática se centre en el coronavirus obviando otras crisis severas de las que nuestros gobernantes han sido responsables y han mirado hacia otro lado para defender los intereses económicos de nuestras grandes empresas —tanto públicas como privadas—. Este es el caso de Yemen, país que vive la peor crisis humanitaria del mundo.

Desde que la coalición saudita intervino en marzo de 2015 con una ofensiva salvaje que se propuso matar a bombazos, de hambre y de enfermedades a la población yemení, la situación no ha hecho más queempeorar. Los otros actores implicados son en buena medida responsables de la tragedia, pero Arabia Saudita y sus socios del golfo son los principales culpables de haber echado gasolina a un conflicto que ya ha matadoprobablemente a más de 250 mil personas(I).

No obstante, los países occidentales no han querido poner fin a esta barbarie. Como siempre, hay una diferencia abismal entre los discursos teóricos y los hechos prácticos. Mientras los líderes de los países occidentales mostraban su “preocupación” y defendían la necesidad de poner fin a la guerra, estos han seguido suministrando las armas y la tecnología necesaria para que la Coalición saudita pueda llevar a cabo mejor y más eficazmente sus crímenes.


Mientras los líderes de los países occidentales mostraban su “preocupación” y defendían la necesidad de poner fin a la guerra de Yemen, han seguido suministrando armas y tecnología a Arabia Saudita.

La razón es muy simple: Arabia Saudita es el mayor exportador de petróleo del mundo y es, por lo tanto, nuestro aliado. Da igual que financie escuelas que promueven una versión radical del islam y que compromete nuestra propia seguridad al crear “canteras de fundamentalistas” proclives a aceptar las “virtudes de la yihad” o que sea un régimen autoritario y extremo donde no se respetan los derechos humanos, donde se defiende la “persuasión” que tiene las ejecuciones y donde las mujeres pueden ser sometidas al infierno que decida su marido.

Esto no es nada nuevo y ha sido denunciado por todo tipo de organizaciones y activistas desde que Arabia Saudita decidió intervenir militarmente en Yemen por razones geopolíticas (y no de seguridad como han intentado hacernoscreer). Denuncia que ha tenido escasos resultados en las acciones de nuestros gobernantes.

Tampoco, el ascenso durante los años 2014 y 2015 del nuevo terrorismo del Estado Islámico (ISIS) ha bastado para que la opinión pública denuncie nuestros vínculos con Arabia Saudita después de que se hayan cometido espantosos ataques terroristas en los países occidentales. La muerte de cientos de europeos no ha sido suficiente para que se cuestione nuestra política en Oriente Próximo.

Yemen, que parece un país lejano y remoto para los ciudadanos de a pie, no lo es tanto para nuestros dirigentes. Desde el año 2001, Yemen ha estado en el punto de mira de la administración Bush en su campaña contra el terrorismo (tan satisfactoria que acabó creando el monstruo del ISIS) y ha sufrido el terrorismo estadounidense (conocido como the Drone Campaign) en primera persona donde la población civil ha sufrido, como siempre, las consecuencias.

Más de una década después, mientras los guardianes de occidente velaban por nuestra seguridad matando a civiles inocentes, nuestros aliados sauditas y del golfo pérsico ayudaban a desestabilizar el país lo suficiente para que el yihadismo lograra aprovechar la situación de caos y miseria que la guerra iba dejando.

Durante estos años ha habido treguas y altos al fuego que han acabado fracasando. Pero a medida que pasan los meses, el pesimismo para alcanzar la paz en Yemen es mayor. Tras más de cinco años de guerra, parece bastanteclaro que los sauditas quieren retirarse del país y poner fin a una guerra costosa y molesta para el príncipe heredero Mohammed bin Salman. El mandatario, conocido también como MBS, que quería hacer una demostración de fuerza y provocar la rendición de los hutíes para enviar un mensaje a Irán, ha visto que ha conseguido justamente lo contrario. Irán ha logrado incrementar su influencia en Yemen y los hutíes están más fuertes que nunca. Esto ha permitido que durante los últimos meses hayan ido avanzando hacia Marib con la pretensión de apropiarse de un sitio estratégico económicamente.

Esto resulta intolerable para Arabia Saudita cuya solución pasa por seguir bombardeando Yemen sin importar las terribles consecuencias que tiene que esta guerra continúe. Este constante bombardeo se vuelve aún más cínico después de que en abril anunciara un alto al fuego por la crisis del coronavirus.

La paz, que parecía una posibilidad real a finales de 2019 por la intención saudita de finalizar su intervención militar en Yemen parece ahora más lejos que nunca 
 

Mientras tanto, el reino saudita sufrió a finales de abril otro fracaso político. Sus aliados, el gobierno reconocido internacionalmente y el movimiento separatista del sur de Yemen volvieron a entrar en conflicto a raízde la decisión del Consejo de Transición del Sur (CTS) de declarar la autodeterminación. De este modo, la paz, que parecía una posibilidad real a finales de 2019 por la intención saudita de finalizar su intervención militar en Yemen —tal como lo señaló la escritora Helen Lackner—, parece más lejos que nunca. La situación es crítica y como ha afirmado el Sana’a Center for Strategic Studies, existe la posibilidad de que el conflicto entre en un escenario de guerra perpetua que nos recuerda al caso de Somalia en los años noventa.

Sin embargo, para nuestros medios de comunicación y políticos es mucho más importante centrarse en difundir informaciones sensacionalistas, poco contrastadas y carentes de rigor periodístico para alimentar debates que noexisten en torno a la crisis del Coronavirus en España. La crisis del Coronavirus en países como Yemen no merecen que le prestemos atención pese a que las Naciones Unidas estiman que hasta 16 millones de personaspueden contraer el virus en un país sin la capacidad suficiente para afrontar una crisis de tal envergadura y donde la mayoría de la población se ve acorralada entre el hambre y las enfermedades tras haber ya pasado unaepidemia brutal de cólera en los primeros años de la guerra que afectó a un millón de personas.

En un país donde los medios de comunicación realizaran su función de vigilancia al poder, debería denunciarse con contundencia que nuestros representantes democráticos son responsables de haber proporcionado las armas con las que se ha destrozado al que ya era el país más pobre de la región. La responsabilidad de los países occidentales en la crisis que vive Yemen es enorme. No hay que ser muy radical para darse cuenta que los intereses económicos han primado más que el sufrimiento del pueblo yemení.

Para hacerse una idea, sólo la compañía BAE System ha conseguido gracias al negocio de la guerra cerca de 17 mil millones de euros. La venta de armas francesas es igualmente muy importante sobrepasando los mil millones de euros anuales y la española es bastante menor pero igualmente considerable vendiéndole a los sauditas cientos de millones de euros según los últimos datos oficiales. En lo más alto de esta clasificación de la inmoralidad se encuentra, cómo no, Estados Unidos, por haber vendido armas a Arabia Saudita por valor de decenas de miles de millones euros y donde, su presidente, Donald Trump, presumió nada más llegar a la Casa Blanca, de un acuerdo de 110 mil millones de dólares con sus camaradas saudíes.

La pregunta que surge a continuación es: ¿Cómo es posible que las potencias occidentales, que se han llenado los bolsillos con las muertes de tanta gente inocente, sean incapaces de prestar una ayuda masiva para frenar la peor crisis humanitaria del mundo?

¿Cómo es posible que quinees se han llenado los bolsillos con las muertes de tanta gente, sean incapaces de ayudar masivamente para frenar la peor crisis humanitaria del mundo?

Por último, vale la pena volver al papel desempeñado por los medios de comunicación en tanto que la monarquía española ha tenido unas relaciones privilegiadas con la monarquía saudita. Tan privilegiadas que han servido paraque nuestro rey emérito se haya enriquecido a costa de negocios de dudosa procedencia. Las informaciones publicadas en el diario The Telegraph donde se vio que Felipe VI era beneficiario de uno de esos chanchullos sirvió para demostrar de nuevo la simbiosis que hay entre las altas esferas del poder.

El culmen de la vergüenza para nuestras democracias es que el país que está recaudando más dinero para aliviar la penuria de los yemeníes es Arabia Saudita. Evidentemente su intención es lavar su imagen. Cómo muy bien sepuede comprobar en su portal de noticias Arabs News, el representante de Arabia Saudita en las Naciones Unidas, Abdallah Al-Mouallimi, dijo hace unos días que “el Reino y la ONU seguirán apoyando a Yemen”. Además, esta ayuda humanitaria es insuficiente debido a los continuos recortes de los fondos destinados al país pese a que es clamoroso que la ayuda no puede esperar más.

De nada sirvió que Felipe VI reconociera que había sabido de esa información hacía un año, pero que decidió que esa información no necesitaba ser conocida por la ciudadanía. Algo bastante chocante y que es un encubrimiento de undelito se mire por donde se mire. Sin embargo, nuestro “gran rey” decidió que era mucho mejor renunciar a una herencia a la que no puede renunciar legalmente hasta que muera Juan Carlos y tomarles el pelo a los españoles.Después, dio un discurso donde los principales medios de comunicación volvieron a señalar su grandeza.

En definitiva, resulta intolerable que hechos tan terribles como la guerra de Yemen pasen desapercibidos para la opinión pública. Esto es un problema grave de nuestra democracia y revela una vez más que es necesario repensar el modelo de prensa que tenemos. El esfuerzo exhaustivo de las ONG yorganizaciones independientes para que la verdad salga a la luz es a menudo muy poco recompensado por la escasa atención mediática que reciben.


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